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jueves, 16 de enero de 2014

LLUVIA ARTIFICIAL PARA FRENAR LA DESERTIZACIÓN: EL PROYECTO GESHEM

Aunque tengamos nuestras dudas respecto a este invento-propuesta sería interesante comprobar su viabilidad ecológica (que no funcional, pues eso parece estar claro). Si bien es cierto que la reforestación progresiva parece mucho mejor, parece evidente que el tiempo que transcurre entre los plazos de re-ecosistematización se prolonga demasiado en el tiempo. 

Este proyecto conjunto entre la Universidad Libre de Bruselas, la Universidad de Ben Gurion de Israel, la Universidad de Alicante,  la Universidad Rey Juan Carlos I de Madrid y la Universidad de Salamanca (con la colaboración de la empresa Ecotex y la NASA), podría dar alas a proyectos agrarios en zonas desérticas o semidesérticas. 

**Este artículo esta sacado de Ecococos

A lo largo de los años se han estudiado diversos métodos para recuperar terrenos desertizados, muchas veces con éxito. Un método que ha tenido mucha aceptación es la reforestación progresiva de las zonas afectadas. Realizando un estudio dentro de cada caso, se van introduciendo especies de plantas que soporten los niveles de sequía en la zona, aumentando los niveles de humedad y progresivamente introduciendo nuevas especies ganando terreno sobre las zonas afectadas. Existe un caso práctico que se ha llevado a cabo en la década de 1930, con éxito en Villa Gesell, una pequeña ciudad del litoral de Argentina.
Existe una alternativa que está en proceso de investigación y que fue presentada en el año 2004 en Israel por el científico León Brenig, de la Universidad de Bruselas:  el proyecto Geshem ("lluvia" en hebreo) con el que pretende crear lluvia artificial, y que  podrá solucionar problemas de desertización sustituyendo algunas medidas polémicas como los trasvases y las desalinizaciones del agua del mar, además de aprovechar el aumento de las temperaturas en el planeta debidas al problema del Calentamiento Global. 
El proyecto consiste en la colocación de una tela asfáltica en una extensión de unos dos kilómetros cuadrados para favorecer el fenómeno isla de calor, que se forma sobre las ciudades que, debido al asfalto, constituyen puntos oscuros absorbentes de los rayos solares, lo que causa que la temperatura sea varios grados centígrados superior a la del área que la circunda. Esta diferencia de valores hace que se aceleren las corrientes cercanas y que aumente el vapor de agua para que, a la altura del extrarradio urbano, donde cae unos grados la temperatura, se formen nubes y se favorezcan las precipitaciones.

   
El proyecto 'Geshem' intentará simular el fenómeno de la isla de calor mediante la colocación de una película de color oscuro de baja reflexión en una superficie de dos kilómetros cuadrados. Esta superficie será capaz de alcanzar altas temperaturas y así favorecer la dilatación del aire y del vapor de agua que contiene. El vapor asciende rápidamente al mismo tiempo que se va enfriando y, a los 1.000 metros de altura, empieza a condensarse para, a continuación, provocar precipitaciones.
 El proyecto, a partir del efecto isla de calor, que se lograría con la instalación de la superficie de tela asfáltica, se dirige a áreas donde hay riesgo de restricciones y de contaminación atmosférica por falta de lluvias. La zona donde ha de implantarse debe cumplir algunos requisitos imprescindibles: que haga un intenso calor, haya una brisa constante y una humedad del aire relativamente alta.

La primera prueba se realizará en el desierto del Neguev en Israel a 150 kilómetros de la costa una vez se disponga del material, que ha de ser biodegradable para evitar la contaminación y barato para que su aplicación sea rentable. El proceso de investigación se puede prolongar hasta cinco años y no tendrá consecuencias negativas para el medio ambiente por lo que lograría resolver los problemas de flora y fauna que los trasvases y las desalinizaciones provocan.

El proyecto está en fase de investigación y corre a cargo de la NASA, de la Universidad Libre de Bruselas, en Bélgica, y la de Ben Gurión, en Israel, junto a la empresa de material agrícola Ecotex, la Universidad de Alicante, la Rey Juan Carlos I de Madrid y la Universidad de Salamanca.
Respecto al coste de implantar una de estas estructuras es relativamente pequeño en comparación a otras alternativas para paliar la falta de agua, como pueden ser las desaladoras, ya que para una superficie de 2 kilómetros cuadrados habría que efectuar una única inversión de unos 2 millones de euros, sin mantenimiento ni coste de funcionamiento, declaró el científico Jesús Vigo Aguiar, de la Universidad de Salamanca.

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